El cine es la creación humana que define mejor nuestra cultura. Invento científico, magnífico instrumento de transmisión artística, tecnológica, pedagógica y cultural. Es una fábrica de sueños, de mitos y de historia.
Creemos que las películas encierran nuestra memoria, nos otorgan identidad, nos permiten pasearnos por el tiempo y percibirlo con nuestros propios ojos y oídos…

viernes, 9 de abril de 2010

¿Y dónde está el cine independiente?

A lo largo de todos estos años, escuché muchas veces decir que el cine argentino es aburrido, que no hacemos películas como las de Hollywood y tantas otras acusaciones un tanto nefastas y poco profundas. Parecería que yo, vos, nosotros, el público en general tiende a desdeñar el cine argentino por verlo poco imponente y muy rebuscado. Sin embargo, cada tanto escuchamos esa frase “El Cine Argentino se reencontró con el público”, y nos ponemos a pensar qué habrá tenido esa increíble obra de arte (a veces si, a veces no) para que haya podido despertar a esa masa somnolienta de la repetida formula de explosión hollywoodense; y encima haya empujado a la gente a asomarse a tal maravilla perdida que cada tanto nos recuerda que ser argentino esta bueno y más si ganamos un oscar y más si salimos al mundo a festejarlo.

Del otro lado, atrás de la pantalla, hay una industria que desde hace años quiere crecer. Se esfuerza por seguir adelante y cuando el pez público pica el anzuelo de la gran película comienza a preguntarse qué hizo bien o tal vez qué hizo mal, para que con las otras 60 películas que produjo no haya sucedido lo mismo. Y ahí empieza un sin fin de discusiones sobre las políticas cinematográficas: Que mas plata a menos películas, que filmen solo los grandes cineastas, que haya plata solo para películas de dudosa calidad producidas por grandes corporaciones, que los cineastas jóvenes no filmen, que mas autores, que menos géneros, que más presupuesto, que menos cineastas… Y ahí nos pasamos meses enteros debatiendo, luchando, buscando la manera de ver como hacer para repetir aquel golazo de mano-cabeza que bien puede ser de dios pero que solo se mide en el éxito efímero.
Mientras tanto, el público vuelve a su letargo esperando el próximo éxito, y preguntándose por qué no se harán más películas así.

Ahora bien ¿y donde está el cine independiente? me preguntarán. Pues el cine independiente esta exiliado. Conformándose desde afuera, conociéndose, agrupándose, preparándose para el momento del estallido. Cierto es que muchos me dirán que tenemos festivales de Cine Independiente en nuestra ciudad, me dirán que muchos cineastas llamados “independientes” muestran sus películas en salas alternativas, me dirán que muchos de ellos hacen sus películas con aportes privados, pues llego la hora de decirlo: eso no es cine independiente. Detrás de ese velo que ha servido para catalogar un tipo de cine de introspección y presupuestos ajustados existe un cine de un riesgo mucho más alto.

Ser cineasta independiente hoy es luchar contra la corriente de las políticas cinematográficas, es no tener concesiones autorales y realizar las películas soñadas con lo que tenemos a mano. Es soñar con un sinfín de universos posibles y realizarlos no ya a pulmón, sino con todo el cuerpo. Es poner el amor ante todo y un espíritu inquebrantable.
El cine de la frontera, el cine sin plata pero noble, el cine sin contactos políticos, el cine de una generación formada en el fragor del cine fantástico, del cine de masas, del cine entretenimiento pero auto conciente de su lugar en el mundo.
Es cine independiente el de una clase alicaída golpeada por los tumultuosos años post dictadura, inflado por la mentira de los 90 y destruido por el cataclismo del 2001.
Es cine independiente el que existe gracias a una cinefilia formada en el más hondo amor por narrar nuestra historia, por contar nuestros cuentos, por llevarnos a otros mundos para conocer más el propio.
El cineasta independiente hoy no solo lucha contra su falta de recursos, también lucha contra un sistema que lo excluye y que lo pretende dejar afuera por no tener los patrones necesarios para el tipo de cine que nos representa “for export”. El verdadero cineasta independiente de hoy es símbolo de la exclusión, de la autentica nacionalidad argentina, autoconsciente de su miseria pero tenaz en su objetivo.
El verdadero cine independiente ha pasado mucho tiempo resistiendo en las sombras, es hora de que vea la luz.

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