El cine es la creación humana que define mejor nuestra cultura. Invento científico, magnífico instrumento de transmisión artística, tecnológica, pedagógica y cultural. Es una fábrica de sueños, de mitos y de historia.
Creemos que las películas encierran nuestra memoria, nos otorgan identidad, nos permiten pasearnos por el tiempo y percibirlo con nuestros propios ojos y oídos…Y de la mismísima necesidad de conocer y dar a conocer aquellos retazos de imágenes y sonidos que nos construyen, es que nace la revista cineclub la tinta y el farol.
Defendemos y fomentamos el impulso de la producción del cine nacional. Como trabajadores (y soñadores) del medio audiovisual, estamos constantemente en contacto con personas y somos parte de agrupaciones que encuentran maneras alternativas de llevar a cabo sus películas. Los realizadores independientes llegan desgastados de esfuerzo a finalizar sus obras. Y el intentar difundirlas y planificar estrategias de distribución, se sabe, implica mayor esfuerzo aún.
Estas creaciones audiovisuales, como todo arte, se completan solo al momento del contacto con el espectador. De no suceder esto, estamos ante obras incompletas.
Y aquí la pregunta… ¿de que manera alcanzan la unión con el espectador esta cantidad innumerable de realizaciones en nuestro país?.. No demasiadas respuestas…
Se nos presenta entonces una necesidad múltiple. Necesidad de la obra de completarse, de los realizadores de decirse, y de los espectadores de sumergirse y crecer con este séptimo arte.
Con todo, sentimos ineludible la apertura de un espacio para el diálogo, la reflexión y la divulgación de los materiales audiovisuales que nos pertenecen.
Sabemos que esta necesidad se extiende a muchos, y es por eso que deseamos profunda y comprometidamente, que nuestro incipiente proyecto alcance, con el esfuerzo de todos, a desarrollarse como un verdadero circuito de difusión alternativa de las realizaciones audiovisuales autogestionadas.
Creemos que dando a conocer las experiencias de los jóvenes argentinos que se animaron a realizar sus producciones independientes en nuestro país, crecen las ganas de llevar a cabo los propios proyectos, sean audiovisuales o de cualquier otra índole. Sabemos que de esta manera es posible construir la diversidad de la compleja creación de la identidad nacional.
Porque comulgamos con nuestro cine autogestionado en la voluntad de acción, en el trabajo y compromiso colectivo y en la necesidad de crecer, es que damos luz a la tinta y el farol; anhelando generar una experiencia a partir de la cual el conocimiento del cine permita, hacernos preguntas, construir nuestra identidad, cambiar nuestras vidas.

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